TV casualty
Sabía perfectamente que no me perdía nada por no ver la televisión y nunca termino de aprender: cuando apenas 4 veces al mes me da por visionar la caja boba, encuentro aberraciones como ésta, con la que me temo empiezan a bombardear las pobres y débiles mentes infantiles de cara al consumismo navideño. Para más inri, encima cuesta más de 35 €.
Cuidado: juegos “sólo para chicas”
Me resisto a creer que toda futura mujer quiere imaginar ser cocinera, veterinaria, diseñadora de moda o (la “sublimación del género para muchas”, y yo conozco a unas cuantas así menores de 30 años, ojo) mamá. Qué manera más vil de echar por tierra en cuestión de segundos la lucha por la igualdad. Me pregunto cuántas unidades venderán durante estos meses… o casi mejor prefiero no saberlo. Por si acaso.
¿Para cuándo el “imagina ser astronauta de la ESA”, “presidenta del Gobierno” o “empresaria exitosa”? Ya puestos a jugar a los tópicos, rompemos la baraja. Mi llamada de atención: ¿sacarán un “imagina ser Fernando Alonso” y aberraciones similares para los varones? (ay ay, ya estoy dando ideas…)
Entre el descuelgue climático de Rajoy y semejante publiacidez, creo que he cubierto mi cupo televisivo hasta marzo como pronto. Ugh.
Anything to say? [7]

Jada, ez nau ezer harritzen jada
Me entero por el telediario del último grito (jojo) en “vacaciones”: pasar hasta 8 días de clausura monacal en un Monasterio (pongamos por ejemplo el de Silos), disfrutando de un silencio que, en palabras de un usuario, a veces llega a doler. Todo ello por el módico precio de 35 €/día con pensión completa.
Dado el histerismo generalizado del mundo actual, con sus prisas, sus chirridos, su contaminación acústica y sus vecinos wakalaeros dando berridos y “amenizando” con sus ritmos tribales, parece una buena idea y a un precio más que sugerente. Uno puede hace allí las actividades que desee, siempre dentro de un orden, pudiendo opcionalmente acudir a los rezos y demás parafernalia monacal, incluso en algunos de estas hospederías te “recomiendan” participar en los oficios. ¡Ora pro nobis repartiendo agua bendita al personal!
Ahora, todos sabemos tiene la madre Iglesia tiene un carácter excesivamente pulcro y conservador con el peculio – especialmente los que la hemos sufrido en nuestra educación en algún oscuro momento de nuestras vidas-, por lo que me da la sensación de ser una maniobra de marketing muy bien organizada para compensar:
la creciente falta de fe del personal, que se traduce en menos ingresos y menos casillas marcadas a su favor en las declaraciones de la Renta de los “creyentes”;
la carestía de la vida que todos conocemos, en relación sinérgica con el punto 1; y
la acusación de estar anquilosados en el pasado y no saber adaptarse a los nuevos tiempos.
¿Iluminación divina o sacacuartos encubierto? El poder disfrutar de (quizás demasiada) tranquilidad es un premio muy muy goloso, pero mi intuición hace que me incline por lo segundo: seguramente habrá que cumplir unas condiciones para participar (absténganse ateos, lo llevamos mal) y por supuesto nada de mujeres en monasterios de órdenes masculinas y preveo que a la inversa en conventos de religiosas. Pero hoy por hoy ya no me sorprende nada ver ciertas cosas, ¿relajamiento crítico generalizado, acomodamiento social o ambos entrelazados?
Anything to say? [4]

Por una alimentación equilibrada y natural, ni demasiado yin ni demasiado yang
Alcalá de Henares, domingo 4 de febrero. Hummus, cous-cous vegetal, ensalada de lombarda con pasas y sésamo, falafel con un toque de canela, lasaña de coliflor, pastel de soja, tortilla de espinacas y pastel de almendras con semillas de amapola, entre otros platillos caseros deliciosos. ¿Quién puede pedir más por la módica cantidad de 7 € y de paso obtener financiación para llevar adelante un proyecto de consumo sostenible?
En este siglo de la variedad que vivimos (los occidentales, claro) sólo unos pocos intentan volver a lo natural a la hora de elegir lo que llevarse a la boca sin olvidar sus creencias socioeconómicas y éticas. Un ejemplo de las escasas iniciativas que existen en este país es el colectivo BAH! (acrónimo de Bajo el Asfalto está la Huerta), perseguidor de un modelo racional de producción, distribución y consumo, al cual sigo tangencialmente por tener amigos en varios de los grupos de consumo de Madrid y haber disfrutado en primera persona de las verduras BAHeras. Y al cual prometo pertenecer algún día, cuando ya no tenga huerto en casa (ventajas de vivir en un pueblo, oiga).
Pese a estar demasiado polarizada hacia un extremo, como piensan algunos, esta iniciativa es un ejemplo de lo que puede hacer el interés por una alimentación más natural y el compartir esfuerzos. No en vano un domingo al mes a los cooperativistas les toca llenarse de tierra al hacer las labores de temporada en las varias huertas que disponen en Madrid y Guadalajara. Lo que algunos pueden considerar repugnante es una invitación a reflexionar sobre el papel del hombre en la biosfera, especialmente a los urbanitas madrileños que, cada vez más, creen que la leche sale de los bricks y las zanahorias de las bolsas de plástico. Y sí, puede que esté demasiado polarizado, pero ya es una iniciativa que en el otro extremo dudo mucho que alguna vez se llegue a ver. A menos que se consuma exclusivamente productos delicatessen, ya que ellos sí que pueden permitírselo, claro.
Únase a la moda verde, señora: las lechugas, el último grito en camisetas en París.
Lamentablemente estamos a años luz de la conciencia ambientalista y naturalista que existe en otros países de nuestro entorno para que se desarrolle un consumo de productos orgánicos o mal llamados ecológicos a nivel de mercado. La buena noticia es que en gran parte se debe a la falta de una “educación del entorno” que, pese a seguir siendo bastante deficiente, ha mejorado mucho en los últimos años y puede seguir incidiéndose por esa vía. Mucha paciencia.
La justificación de mucha gente es vaga al estilo pescadilla que se muerde la cola: “sí, me parece bien que haya productos orgánicos, pero no los compro porque me parecen demasiado caros”. Y como sólo los compran cuatro gatos los precios no pueden ser competitivos con los de producción industrial y así entramos en un bucle ad aeternum. Ay, cuando me acuerdo de la amplísima sección de vegetales orgánicos en los supermercados gringos, al lado de los de producción industrial y sólo ligeramente más caros que estos últimos… Yo soy de las que no escatima en comer bien (ojo, en cuanto a calidad): prefiero pagar más caro por verdura sin plaguicidas ni fertilizantes químicos, por carne con denominación, por pollos y huevos de corral – la pena es el pescado, no conozco certificación de piscifactorías aunque sería un paso interesante -. Y si han probado este tipo de productos, coincidirán conmigo en que el sabor no tiene nada que ver y merecen la pena. Si a eso le sumamos un menor impacto sobre el medio, un mejor trato a los animales y un bajo uso de productos químicos, bienvenido sea gastar un poco más a fin de mes, pese a ser de la Generación de los Mileuristas. Quizás no su bolsillo, pero su estómago se lo agradecerá.
Anything to say? [12]

Two divided by zero
Este año el regalo de reyes viene por adelantado ¬¬.
Acabo de perder mis últimas entradas gracias a un incidente legal de la empresa que me da hosting, tuvieron que apagar sus servidores en Europa y tirar de backup. Por desgracia el último que hicieron es del 1 de diciembre… En los próximos días espero poder restaurar algunas de ellas, pero como tengo la mala costumbre de no guardar los textos que escribo, au revoire a muchas y lo que es peor, a los comentarios.
Por suerte el hombre aprende a base de ensayo y error: nada de procrastinar el hacer backups periódicos, somos muchos los damnificados por los devenires y caprichos de estos trastos diabólicos, que cuando quieren pueden putear. Y mucho. Ah, el progreso… le dan ganas a una de ponerse en el modo la ciencia avanza pero yo no.
Anything to say? [9]

El Día Mundial de la Información Actualizada
Andaba yo en mi periplo mañanero cotidiano cuando al entrar en el Metro una amable y sonriente señora me ofrece una carpetilla de cartón con documentos, en la que reza el título “Fichas informativas sobre alcohol y alcoholismo”. Consciente desde ese momento en que hoy debe ser el Día Sin Alcohol, almaceno el legajo en el fondo de mi bolsa, junto al libro de Word XP que a veces me entretiene (si es que puede llamársele así) durante mi viaje en autobús en lugar de Sentido y sensibilidad. Manías que tiene una.
Al volver a casa y ante los 3/4 de hora de bus por delante, decido revisar la documentación. Nada más abrir la carpetilla, me encuentro una lista de referencias bibliográficas en las que supuestamente se basa la información recogida; observo con cierta suspicacia que la más reciente data de 1978… El resto de información es un folleto sobre una supuesta campaña de prevención del alcoholismo llevada a cabo por un tal Ministerio de Sanidad y Seguridad Social (observe el lector que desde hace ya unos cuantos años el nombre de esta institución es Ministerio de Sanidad y Consumo), y una serie de fichas sobre las bebidas alcohólicas, su producción, tipos, mitos sobre el alcohol, efectos fisiológicos, definición, consecuencias y problemas del alcoholismo.
El papel desprende un aroma a humedad y moho que tan bien asocio a los mamotretos almacenados en locales en los que hurgaba en mi niñez, de los que estos documentos parecen ser coetáneos. No en vano datos sobre consumo – sin ningún tipo de referencia temporal, pero obviamente más que desfasados – afirman que “Es frecuente encontrar personas que se embriagan prácticamente todos los fines de semana y festivos. Un 2 por 100 de varones y un 1 por 100 de mujeres dicen hacerlo así”. Cualquiera que se informe sobre las estadísticas actuales sabe muy bien lo irreal de dichos porcentajes. Una mirada inquisitiva en profundidad me devuelve un Depósito Legal de 1976…
Como contrapunto, encuentro un folleto sobre la federación que lleva a cabo la campaña, respaldada por la Comunidad de Madrid, con información actualizada sobre asociaciones, un panfleto y un marcapáginas referentes al “15 de noviembre Día Sin Alcohol” y un calendario de 2007.
Pese a considerar un bombardeo tanto “Día (Mundial) de…”, a los que acojo con bastante escepticismo porque el exceso de “Días (Mundiales) de…” hacen que se pierda el sentido de los mismos, me parece loable que en tal día se hagan campañas informativas en los medios, he podido verlo en televisión y supongo que en la prensa se hará referencia asimismo. La entrega de información en mano también es buena idea, pero por favor, que esté mínimamente actualizada. Da una sensación de poca seriedad que a uno le entreguen documentación de hace casi 30 años, con la enorme disponibilidad que existe en la presente sociedad de la información. El siguiente paso es abogar por la institucionalización del Día Mundial de la Información Actualizada...
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Lost in a Roman wilderness of pain
Si alguien se ha preguntado alguna vez para qué el Ministerio de Fomento se molestó en construir montones de carreterillas circundantes al aeropuerto de Barajas (léase M-11, M-12, M-13 y M-14), la respuesta no tiene que ver con pautas extraterrestres tipo círculos segados en campos de cultivo o pufos urbanísticos, no.
Uno sólo tiene que perderse – literalmente – por ellas intentando llegar a la dichosa T4 de marras: en cuanto te descuidas te derivan impepinablemente a un maravilloso peaje que, por el módico precio de 1,55€ para vehículos ligeros por un trayecto aproximado de 5 kilómetros, te deja en las mismas puertas de la terminal. Bien pensado, tenían que sufragar los costes de la mega-ultra-fotónica T4 de alguna forma, aunque luego el funcionamiento de la misma sea un asco (hace poco alguien me comentó que el tiempo medio estimado de espera hasta que salen las maletas es de… ¡50 minutos!). Y esta noche tengo un testimonio directo de eso.
Evítense ser unos pardos como servidora: si – los dioses no lo quieran y ustedes o sus familiares y allegados no viajan con Iberia o Spanair – tienen que ir a la Terminal 4 de Barajas, no hagan caso a los indicadores, en detrimento de su peculio, y sigan el viejo camino al aeropuerto T1-T2-T3. Su bolsillo se lo agradecerá.
Anything to say? [4]

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