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Jada, ez nau ezer harritzen jada
Me entero por el telediario del último grito (jojo) en “vacaciones”: pasar hasta 8 días de clausura monacal en un Monasterio (pongamos por ejemplo el de Silos), disfrutando de un silencio que, en palabras de un usuario, a veces llega a doler. Todo ello por el módico precio de 35 €/día con pensión completa.
Dado el histerismo generalizado del mundo actual, con sus prisas, sus chirridos, su contaminación acústica y sus vecinos wakalaeros dando berridos y “amenizando” con sus ritmos tribales, parece una buena idea y a un precio más que sugerente. Uno puede hace allí las actividades que desee, siempre dentro de un orden, pudiendo opcionalmente acudir a los rezos y demás parafernalia monacal, incluso en algunos de estas hospederías te “recomiendan” participar en los oficios. ¡Ora pro nobis repartiendo agua bendita al personal!
Ahora, todos sabemos tiene la madre Iglesia tiene un carácter excesivamente pulcro y conservador con el peculio – especialmente los que la hemos sufrido en nuestra educación en algún oscuro momento de nuestras vidas-, por lo que me da la sensación de ser una maniobra de marketing muy bien organizada para compensar:
la creciente falta de fe del personal, que se traduce en menos ingresos y menos casillas marcadas a su favor en las declaraciones de la Renta de los “creyentes”;
la carestía de la vida que todos conocemos, en relación sinérgica con el punto 1; y
la acusación de estar anquilosados en el pasado y no saber adaptarse a los nuevos tiempos.
¿Iluminación divina o sacacuartos encubierto? El poder disfrutar de (quizás demasiada) tranquilidad es un premio muy muy goloso, pero mi intuición hace que me incline por lo segundo: seguramente habrá que cumplir unas condiciones para participar (absténganse ateos, lo llevamos mal) y por supuesto nada de mujeres en monasterios de órdenes masculinas y preveo que a la inversa en conventos de religiosas. Pero hoy por hoy ya no me sorprende nada ver ciertas cosas, ¿relajamiento crítico generalizado, acomodamiento social o ambos entrelazados?

#3· keitarochukijei
24 June 2007, 21:33La Iglesia, al igual que la musica, la moda, y los pepinillos en vinagre, tambien siente la necesidad de reciclarse continuamente, ya que solia ser bastante normal que gente de la llamada “laica” (estupido el llamar a un grupo de personas con el nombre de una perra rusa astronauta, pero ¿quien soy yo para comprender los misterios de la fe?) entregando unos nimios “donativos” a los conventos y diocesis, podian recluirse con los monjes para escapar del mundanal ruido.
Antes cobraban por años, ahora cobran por dias: a Dios rogando y con el cepillo recaudando.
Lo siento, me encantan los monasterios, iglesias y demas, pero solo en visitas cortas y de un minimo interes cultural; para desconectar me busco una aldea perdida, en la que no conozcan ni la palabra telefono y punto pelota.
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#1· Johnny Juerga
24 June 2007, 18:24Yo voy a ver si mis vecinas la monjas me dan cobijo este verano XD.
También me inclino por lo segundo; la iglesia es una experta a la hora de sacar la pasta al personal.
Aunque hay que reconocer que ésta es una maniobra muy hábil