| Sabiduría popular (I) | Give me real, don't give me fake |
Efemérides personales
La vida es azar. Llevo años desarrollando pinceladas de una teoría personal de ver la vida, con tantas tareas pendientes que no he tenido tiempo para reflexionar y generar un cuerpo coherente, aún. A grandes rasgos, todo parece funcionar de manera aleatoria y pum, de repente pasa alguna nimiedad que desencadena una serie de acontecimientos que desembocan en un nuevo estado, que una siente como que no podría ser de otra manera, y aun así sigue siendo fruto del azar. Yo lo llamo la “teoría de las casualidades”, y hasta la fecha me ha funcionado a modo de séptimo sentido.
Cuando el transcurrir de la vida sólo deja amargura en la boca y malos recuerdos, cuando uno no sabe el fin de su existencia ni siquiera si el estar vivo o muerto hace una diferencia, y sólo espera que no sigan pasando cosas malas o al menos que causen los mínimos efectos colaterales, de pronto ocurre una casualidad. Es la pequeña y parsimoniosa sucesión de casualidades la que me hace querer seguir adelante y ver que era verdad lo que estos chicos decían: I can’t change the world but I can change the world in me. Y, para un cambio en los últimos cuatro años de mi vida, las casualidades no siempre son para mal.
Como reza una de las mejores canciones de un genial album, uno de mis favoritos de todos los tiempos, just when you least expect it, just what you least expect. Gran cita a la que no me cansaré de acudir nunca y que durante un par de años fue mi firma forera.
Y no les falta razón.

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